Empezamos a hablar de la importancia del lugar donde, según mi investigación, se encuentra el ethos de las canciones. Como ya hemos visto en el post anterior, la forma final es la estructura de la pieza musical, pero esta se compone de las formas motívicas (y estas a su vez de las formas creadoras).

¿Qué son las formas motívicas? Estas formas son conocidas con diferentes nombres. Generalmente, podemos referirnos a ellas como estribillo, estrofa, entre otros. Los DJs o los productores musicales pueden reconocerlas por términos como intro, subida, bajada, puente… En definitiva, son las partes reconocibles de las canciones.

Para este post, definiremos la forma creadora como un recurso musical, como la melodía (entre muchos otros), que, por su carácter, determina su importancia y condiciona y genera la forma motívica. Por tanto, ¿qué es realmente una forma motívica?

 He mencionado que un estribillo (o cualquier otro nombre mencionado anteriormente) es una forma motívica, pero esto no siempre es cierto, ya que depende de su extensión. Las formas motívicas tienen una duración de 8 compases (que también podemos considerar como 32 golpes o una ronda). Por lo tanto, un estribillo puede tener una duración mayor. En estos 8 compases, siempre habrá una forma creadora. Dependiendo del uso, de la forma y de la importancia que tenga, es donde se logra transmitir el mensaje de la emoción.

 Mirándolo desde otro punto de vista, las formas creadoras son las que constituyen las formas motívicas, y estas últimas forman la estructura final. Pero, para que las formas motívicas sean capaces de transmitir el mensaje, necesitan tener una estructura concreta.

 Por ejemplo, en los «build up» de la música electrónica, solemos tener una melodía, que sería nuestra forma creadora. Pero no solo contamos con esa forma de manera exclusiva, sino que también tenemos un «riser» que acompaña a ese patrón melódico. A su vez, estos dos recursos musicales están complementados por un patrón rítmico de percusión.

 En definitiva, podríamos tener tres o cuatro recursos musicales que son los que crean esa forma motívica y ese motivo que, finalmente, es el que tiene la capacidad de transmitir la emoción musical. Estos recursos musicales, que a menudo se entienden como música de acompañamiento, adquieren importancia en las formas motívicas al hacer hincapié en un recurso que prevalece musicalmente. En la mayoría de los casos, este recurso, como la línea melódica, es la forma creadora. Sin embargo, también puede ser una línea melódica fragmentada o modificada con otro timbre. Estos cambios generan un motivo que se repite en esa forma motívica, independientemente de su función interna dentro de la estructura final.

 Para entender la función real de la forma motívica, tal como Philippe Tagg describe la «Sintaxis» musical, consiste en: dar forma a la estructura final mediante la suma de todas ellas; marcar la línea discursiva de la pieza musical; englobar la emoción a través de su repetición, en la que habrá formas creadoras u otros recursos musicales que generan la repetición de los motivos; y articular el discurso emocional de la pieza musical.

Con estas características en firme, la forma motívica necesita ser definida a su vez también desde la forma creadora, algo que pasará en el siguiente artículo.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio utiliza cookies para ofrecerle una mejor experiencia de navegación. Al navegar por este sitio web, acepta nuestro uso de cookies.